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La bahía moribunda


La bahía desierta

Desde que Sebastián de Ocampo hiciera el bojeo a Cuba, entre 1508 y 1509, dio inicio la seducción de las entonces azules y límpidas aguas de la Bahía de La Habana. La llamó Puerto Carenas, porque aquí carenó para reparar algunos desperfectos de su navío y también renovó sus reservas de agua dulce; dos pequeños ríos desembocaban en aquella rada. Ocampo no lo sabía entonces, pero acababa de descubrir desde fecha tan temprana de la conquista el que sería puerto clave del comercio español con sus colonias americanas. De todas formas, primó un topónimo aborigen, y las gemelas Bahía y Ciudad compartirían en lo sucesivo el mismo nombre: La Habana. Por sus magníficas condiciones naturales, con su estrecho canal de entrada, sus tres amplias ensenadas, lo anchuroso de su espacio y la profundidad de su fondo, la bahía habanera es hasta hoy, un espacio ideal como puerto y, en consecuencia, un excelente punto geográfico, tanto como destino para barcos de pasaje como para el comercio marítimo. La bahía fue casi desde el principio y por sobradas razones el corazón de la ciudad, el centro que animaba la vida y alentaba la economía. Mucho de la historia de la ciudad se debe a su bahía y ella –por su parte- atesora celosa algunos despojos de antiguos hechos y leyendas en los misterios de su oscuro lecho.

Ya desde los siglos XVII y XVIII el tráfico marítimo en La Habana era el más intenso del Nuevo Mundo y en sus astilleros se construían algunos de los mayores galeones de la época. En el XIX asistió a una actividad mercantil febril, producto del boom azucarero cubano posterior a la Revolución de Haití. Por la bahía llegaron también a lo largo de los siglos decenas de miles de inmigrantes y un número aún mayor de esclavos africanos, fue una puerta abierta de par en par por la que entraron a raudales muchos de los componentes que, desperdigados después por toda la Isla, dieron carne y espíritu a la cultura nacional.

Hasta los años 80’ del pasado siglo, época de la falsa bonanza derivada de la luna de miel con la fenecida URSS y de los trapicheos con el CAME, la rada habanera era una verdadera ciudad flotante por el gran número de buques mercantes que frecuentaban sus aguas. Atracados, fondeados o circulando de entrada y salida, el tráfico naval en la vieja bahía imprimía a la ciudad un ambiente de movimiento que contrasta vívidamente con la apariencia espectral que ofrece hoy. La bahía es como un desierto.


Grúa-patana junto al espigón de Santa Clara

Con sus antiguos muelles Santa Clara y Machina en ruinas, el dique flotante vacío y cubierto de óxido, una vieja grúa-patana abandonada junto al espigón de Santa Clara, las aguas negras y grasientas cargadas de desperdicios y el tufo de la contaminación invadiendo el espacio, la bahía es un testimonio de la profanación a la memoria histórica de la ciudad. Ella es víctima peculiar de la desidia oficial, pero a nadie parece importarle. ¿Qué más da un poco más o menos de porquería en una ciudad tan sucia? Muchos habaneros jóvenes se encogen de hombros o me miran con incredulidad cuando les aseguro que la bahía habanera de mi infancia temprana tenía aguas azules entre las que se veían abundantes róbalos, peces voladores y numerosas gaviotas. Ni siquiera mis hijos lo creen (“¿Estás segura, Mamá?, ¿no será que estás confundiendo tus recuerdos con tus deseos?”). Pero los habaneros que ya peinan canas saben que es cierto lo que digo.


Desmonte de espigones

Por estos días está corriendo el rumor de que al menos una parte de la escasa actividad naval mercantil se ha estado trasladando hacia el puerto de Mariel y que cierta empresa brasileña está financiando los trabajos que culminarán con una terminal de cruceros en la zona de los muelles antiguos de la ciudad vieja, en el llamado Casco Histórico. No sé cuánto haya de cierto en esto, pero sí he visto que se está trabajando en la demolición de los cuatro espigones contiguos a la Alameda de Paula y en el viejo Cuartel de Bomberos, aledaño al embarcadero de la lancha de Regla.

Optimista como soy, quiero pensar que alguna vez se producirán cambios para beneficio de la bahía, que –como antaño– ella será otra vez fuente de vida y de bienestar para la ciudad y sus habitantes, que se limpiarán sus aguas y que en un día muy especial invitaré a mis suspicaces hijos a caminar junto al muro del Malecón, como hicimos tantas veces cuando todavía yo era una muchacha y ellos dos chiquillos. Sueño con poder señalarles en esa ocasión el rápido ondular de las aletas de los róbalos alborotando en las otra vez azules aguas de mi bahía.

Regina Coyula es una de los blogger de más reciente debut. En noviembre último salió su blog Mala Letra, con un sencillísimo y precioso banner hecho por ella misma, y de inmediato la franqueza y naturalidad de sus textos han atrapado a numerosos lectores entre los que ahora, algo tardíamente para mi vergüenza, me incluyo.

Confieso que muchas veces me dejo arrastrar por las asfixiantes ocupaciones que me imponen la cotidianidad y mi complicada condición en la que se mezcla lo profesional-independiente con lo doméstico-familiar, funciones que a la par me producen las mayores satisfacciones y me colocan los más duros grilletes; de hecho, debido a mi habitual “despiste”, supe que existía Mala Letra cuando ya llevaba varias semanas online. Pero de cualquier manera, lo cierto es que dejé transcurrir casi dos meses antes de enfrentar el enigma de un blog que, curiosamente, a fuerza de coloquial y cálido logra superar con éxito la fría soledad de un encuentro de Web.

No voy a pedirle disculpas a Regina Coyula (a fin de cuentas era yo quien me lo estaba perdiendo), así que prefiero darle las gracias. Gracias por la chispa inteligente, sensible y simpática de sus post y por la fuerza incomparable de lo anecdótico; gracias por venir a crear donde tantos podemos disfrutarla y aprender de ella; gracias, en fin, por elegir esta feria virtual de artesanos de la palabra en la blogósfera alternativa de la Isla, -ésta, que no exige “permisos” ni listas especiales-, para regalarnos generosamente la frescura de su buena letra.

Ilustración: Banner del blog de Regina


Dicen que murieron de frío, pero no es cierto. Al menos no es exacto: el frío de la madrugada solo consagró la obra de la desidia, de la acumulación de abandonos, de la deshumanización de otros. Ellos, para asombro de todos, solo murieron. Eran solamente unos locos (otros), esa fracción del rebaño que de alguna misteriosa manera se ha desconectado de una realidad demasiado fea y escapa hacia algún paraje desconocido e inaccesible para los que tenemos la arrogancia de llamarnos “cuerdos”.

Entre incrédulos y consternados, supimos que más de dos decenas de enfermos mentales habían fallecido por estos días de inusual invierno en el Hospital Psiquiátrico de La Habana (Mazorra). Casi nadie podía o quería suponer esto pudiera ocurrir en Cuba. La prensa oficial, aunque tarde y remisa, se vio obligada a hacer pública la noticia en una nota breve e incompleta, arropando lo ocurrido con los cobertores que faltaron a los orates difuntos, apenas unas pocas líneas que desaparecen bajo la avalancha de imágenes y crónicas de la catástrofe natural ocurrida en Haití. Una treintena de dementes indefensos no compite en las planas de ningún periódico con el impacto mediático de un sismo de gran magnitud, miles de muertos e incalculables pérdidas materiales. Ni siquiera si esos dementes forman parte de la legión de supuestos privilegiados de una “potencia médica” en el país más generoso y humano del planeta; ni siquiera si el cataclismo que los exterminó fue una tragedia social predecible, y por tanto evitable.

Quiero dedicar estas líneas a la memoria de esos infelices enfermos mentales, muertos en total estado de indefensión, sin atención, sin abrigo y sin consuelo. Solo en un sitio muy sórdido, bajo un sistema muy corrupto, podría ocurrir semejante aberración, y apunta que algo muy sucio y pútrido está amenazando con aniquilar lo que queda de bondad entre nosotros. Causa dolor imaginar que en sus espantosas condiciones quizás era más irracional seguir con vida. Hoy los cubanos debemos traer doble luto, porque junto a estas absurdas muertes, muchos habremos sepultado también los últimos vestigios de nuestra despreocupada inocencia.

Ilustración: Uno de los más célebres y conocidos de los locos callejeros de La Habana, El Caballero de París, paseando por la céntrica calle San Rafael, en el centro de la capital. (Fotografía de autor desconocido para esta blogger.)

Una pequeña nota para celebrar junto a mis lectores los dos primeros años de este blog nuestro. Aunque por algún misterio técnico que desconozco el primer post que aparece es el del 28 de enero de 2008, realmente lo inicié en la primera quincena de enero, con un brindis y el recuerdo de todos los amigos que he visto partir al extranjero, algunos de los cuales anhelaba encontrar entre un comentario y otro. He recibido señales de varios de ellos, no siempre comentan sobre los post, aunque sí muchos visitan el blog y en ocasiones me envían mensajes; pero también he encontrado amigos nuevos: todos aquellos que,  compartan o no mis criterios y posiciones, forman parte de los que creemos en la necesidad de cambios para Cuba y en el derecho de todos a la democracia, a la libertad de expresión y a la esperanza.

Quiero en esta ocasión hacer pública mi gratitud a mi traductora, una cubana que vive en Estados Unidos, quien dedica valiosas horas de su tiempo a trasladar al inglés todos los dislates o aciertos que vierto en este espacio, y también a mi “madrina”, quien desde fuera de Cuba y con toda su buena voluntad actualiza el sitio con los post que le envío desde que las autoridades de la Isla ralentizaron las dos webs en las que salen este y otros blogs alternativos, impidiéndome administrarlo yo misma. Ambas han sido –y espero continúen siendo- un soporte imprescindible e invaluables amigas para mí.

El año 2009 me deparó la sorpresa adicional del reencuentro con un segmento de mi familia paterna, disperso por diversos puntos de la geografía de la Tierra y de la propia Isla. Gracias a Internet y a este blog hemos tomado conocimiento unos de otros y hoy tenemos correspondencia. Ha sido una experiencia gratificante.

Dos años atrás no imaginaba que este espacio se me haría tan querido y necesario. Honradamente debo reconocer que ese efecto no es resultado de mi trabajo, sino de la acogida que ustedes le han dado. Gracias por su apoyo y mantengamos el contacto.

Un abrazo,
Eva-Miriam

Ilustración: Una vista de Centro Habana. Fotografía de Orlando Luis


Atendiendo a los comentarios suscitados a partir del post Yo, una emergencia irreversible, de fecha 4 de enero de 2010, puedo corroborar en algunos la persistencia de una obsesión casi enfermiza por lo que han dado en llamar “unidad”. No es la primera vez que algún lector se indigna contra mí por una supuesta actitud de “desunión” que atenta contra la potencial consecución de la libertad para los cubanos. Parece que alguien me atribuye poderes extraordinarios. Como no tengo la intención de excusarme –siguiendo un sabio proverbio que reza: quien se excusa se acusa– voy a optar por esclarecer (una vez más) mis criterios y mi posición al respecto.

Con ánimo de encontrar consensos generales que nos permitan un diálogo civilizado, he buscado en el viejo diccionario Aristos de mi época de bachiller el significado de tan controvertido término. Allí se escribe:

Unidad. f. Propiedad de todo ser, en virtud de la cual no puede dividirse sin que su esencia se destruya o altere.//Unión o conformidad.//Singularidad en número o calidad. //Cualidad de la obra literaria o artística en que solo hay un asunto o pensamiento principal al cual se subordina todo en ella.//Cantidad que se toma por medida de las demás de su especie.//Fracción del ejército que puede obrar independientemente bajo las órdenes de un jefe. (Diccionario Aristos, pág. 616)

Comprobé que el Aristos tiende a reafirmar mi natural rechazo a las actitudes unitarias; no obstante, acudí también a ese amigo eterno de todo el que escribe: el diccionario de sinónimos y antónimos (F.C. Saínz de Robles). Allí, entre una pequeña lista de sinónimos, encontré estos vocablos: unión, conformidad, unanimidad… Y más abajo un antónimo muy significativo: pluralidad.

Llegada a este punto, insisto en que no apruebo lo que suelen llamar “unidad” por considerarla falaz, engañosa y, sobre todo, sumamente peligrosa, todo lo contrario de la pluralidad. ¿Y qué me dicen del sinónimo “unanimidad”? Verdaderamente me espeluzna. Baste recordar cada sesión del Parlamento de este país, sublimación de la sumisión unánime, para desear sepultar semejante palabreja. En aras de la tantas veces invocada unidad, aquí se han cometido las mayores atrocidades contra la libertad del individuo, y a la larga ha resultado la esclavitud de todos.

Pero, más allá de los diccionarios, ¿qué es “unidad”? A juzgar por los que me regañan, es aplaudir o aprobar propuestas, más por las buenas intenciones que sugieren que por la esencia de su contenido; o enrolarse en torno a una figura o grupo porque en un país en que nunca ocurre nada cualquier documento de ocasión con maquillaje “reformista” supone un avance promisorio. Me apena tanta conformidad después de medio siglo acumulando “reformas” que han sumado a la postre más decepciones que resultados. Lamentablemente la realidad cubana se encuentra hoy en una encrucijada tan difícil y urgente de cambios, son tantos y tan graves los males que nos afectan, que no podemos darnos el lujo de desgastarnos en detalles inocuos. A menos de un mes de publicarse la carta de los intelectuales, en la noche del 9 de enero de 2010, la ciudad de Pinar del Río fue escenario de la represión y del estricto control policial contra una actividad cultural: el bloqueo al performance de Yamilia Pérez, esposa de Pedro Pablo Oliva. Fueron ocupados los parques, con sillas y equipos de sonido, por parte de las autoridades, en tanto Maikel Iglesias, médico y poeta miembro del consejo editorial de la revista digital independiente “Convivencia”, fue literalmente arrastrado fuera del lugar a fin de impedir su participación. Es, según mi punto de vista, la respuesta gubernamental a la carta “protesta” de los intelectuales; aunque quizás ocurra que los organizadores y participantes no clasificaran como “revolucionarios”.

El vicio de sobredimensionar también enrarece aquellos criterios cuya evidente misión de tergiversar y mentir: todo el mundo sabe que no soy una “blogger oficialista”, sino una blogger alternativa. Y en efecto, la blogósfera alternativa está inspirando respeto al régimen. Al menos éste ha demostrado que nos tiene en cuenta y que conoce el alcance de nuestro trabajo; no por gusto nos asedian, nos persiguen, nos amenazan, nos reprimen y nos vigilan. Negarlo sería obtuso.

En cambio, sí son oficialistas al menos muchos de los firmantes de la carta de los intelectuales (denuncia, dicen), empezando por el señor Pedro Campos, ex comunista, ex funcionario del gobierno cubano, últimamente caído en desgracia, que ha generado varios proyectos en los cuales los “revolucionarios socialistas” -y solo ellos- están llamados a trazar el futuro de todos los cubanos. ¿Les resulta familiar este sentido de “unidad”? También a mí, y lo rechazo. La carta de estos intelectuales es una queja lastimera, apenas un lamento, que se limita a enunciar lo que no signifique una posición vertical de cuestionamiento al régimen, como si ignoraran que el de esta sociedad es un problema del sistema y no de hechos puntuales. Se ha acumulado ya demasiado polvo: no es suficiente esconderlo bajo la alfombra. Puestos a “denunciar”, la lista les quedó demasiado corta, y lo que es peor, podría llegar a ser mucho más extensa en los próximos meses si tenemos en cuenta la tendencia creciente a la represión por parte de los gorilas. Son hipócritas los que predican el “respeto por la diversidad” mientras practican la exclusión de los que profesan ideologías y criterios políticos diferentes.

Por lo que a mí respecta, y al contrario de algunos “reformistas” que conozco, defiendo una Cuba futura donde hasta los comunistas tengan el derecho a expresarse y a existir, aunque detesto profundamente esa ideología que rebaja al hombre a la condición de esclavo. Al menos en mi utopía de futuro, ser esclavo constituiría solo una elección.

No me siento llamada a “sembrar la unidad y la armonía”, como tampoco a dividir, ni autorizo a nadie a signarme tal misión. Semejante cometido, además de no apetecerme, está más allá de mi pobre capacidad. No me resigno al fatalismo mesiánico que insisten en colgar al destino de esta Isla. En cuanto a “dividir”, es una acción que presupone la existencia de lo “unido”… Pura imaginación en este caso. Quizás algo de lo que necesitamos realmente en la Cuba de mañana (y solo digo “algo”) es aprender que si nos expresamos va a haber contrapartida, habrá consensos y disensos, y eso sería el reflejo de una sociedad sana de hombres individualmente libres, que son los únicos capaces –en su conjunto y no en su unidad- de sostener una nación también libre. No quiero unidad, quiero pluralidad. Quiero una Cuba tan variada como lo son las aspiraciones y expectativas de los cubanos, y que ello no suponga que haya que excluir a nadie. Sé que es una aspiración idealista, pero al menos es INCLUYENTE. Tanto lo es que respeta también los derechos de los firmantes de la carta de referencia, y mi derecho a no firmar con ellos. Cualquiera con un mínimo de racionalidad comprendería que quienes desunen a los cubanos son precisamente aquellos que coartan sus derechos según sean “revolucionarios socialistas” o no. Ese sí es un auténtico ejercicio de división.

Para finalizar, me hubiese gustado que las discrepancias con mi post se hubiesen basado en los puntos que critico, utilizando argumentos en lugar de pasiones. Realmente celebro que los intelectuales-infantes al fin estén aprendiendo a caminar. En verdad es una imagen bastante patética, pero no deja de ser atinada teniendo en cuenta quiénes son los actores. Y ya que todo indica que la defensa de los intelectuales “valientes” se basa más en sentimientos tiernos que en la realidad pura y dura de estos tiempos, prefiero dejar a sus contertulios y protectores el trabajo de sujetarles la manito para que no tropiecen. ¡Ah!, y de paso, no olviden revisarles los pañales.

Ilustración: Fotografía de Orlando Luis

Aterrizaje forzoso

estudiantes

El pasado 15 de diciembre, cayendo la tarde, la escuela secundaria básica “José Martí”, sita en San Lázaro y Belascoaín, en pleno municipio Centro Habana, fue escenario de un singular minidrama: una reunión  convocada por la dirección del plantel para imponer a los padres de una sorprendente información: debían desestimular a sus hijos a continuar estudios. Parecería un disparatado infundio de esta blogger que en una escuela se incite a no estudiar si se tratase de un hecho aislado, pero resulta –ni más ni menos- una “orientación superior”; de esas que, sin previo aviso, cual si se tratase de los mismísimos rayos de Zeus desde el Olimpo, caen sobre los simples mortales sin que éstos puedan hacer nada para evitarlos o para superar sus efectos. Poco a poco ha trascendido en el cotilleo popular que la misma convocatoria e idénticas “orientaciones” han recibido todos los padres de estudiantes de enseñanza secundaria, que con un lenguaje más moderado en algunos casos, quizás en aras de una recomendable prudencia, han sido informados de lo mismo.

“No es el momento de soñar, ni se puede pensar en estudiar” -dice Rolando Edgar, director de la citada secundaria “José Martí”- “Raúl (Castro) y el país necesitan constructores y trabajadores agrícolas, torneros, soldadores, gente de oficios. Hay que aterrizar, hay que bajar de las nubes y poner los pies en la tierra”. Así pues, los padres deben darse a la tarea de desmentirse a sí mismos: si hasta ahora han estimulado a sus hijos para que se esfuercen en los estudios, para que se especialicen y cursen carreras universitarias porque era lo más adecuado, este es el momento de demostrarles lo contrario: lo mejor es no estudiar. Todo un ejercicio de jesuitas. Según cifras difundidas, solo entre un 30 ó un 40% de los estudiantes de secundaria pasarán a ser matrícula de los preuniversitarios, para después aspirar a las opciones de estudios superiores que les ofrezca la dirección de la revolución. Talento, inteligencia y vocación son rezagos burgueses que urge desterrar de nuestras conciencias,… y solo de las nuestras, que “los hijos de papá” siempre son otra cosa.

No es que los padres hayan callado su inconformidad, solo que las respuestas del inefable Rolando Edgar fueron casi más pasmosas que las propias disposiciones que informó. Ante la protesta de un padre que comentó la posibilidad de un aumento de la corrupción toda vez que habría quienes podrían comprar las plazas de preuniversitario para sus hijos, el director de la escuela respondió tranquilamente que “el que tenga 100 dólares para resolver no tiene que asistir a la reunión de padres”. El auditorio quedó perplejo.

Y en medio de todo, como un verdadero monumento al absurdo, se mantienen los programas de “Municipalización Universitaria”, en virtud de los cuales cualquier analfabeto funcional obtiene un título de graduado en estudios superiores; se siguen transmitiendo por TV los programas de “Universidad para todos”, que casi nadie ve; existe la “Universidad del Adulto Mayor” para demostrar la preocupación oficial por los más decrépitos y se exige un título de bachiller tanto para vender aspirinas en una farmacia como para acceder a una plaza de dependiente de una tienda recaudadora de divisas…

Una célebre y antigua frase del ex presidente, el Invicto Comandante, decía literalmente que “el futuro de Cuba sería el de un país de hombres de ciencias”. ¡Pensar que hubo quienes lo creyeron! … Al menos hasta ahora.

Ilustración: Fotografía de Orlando Luis

marcha-contra-la-violencia

Una carta abierta, escrita por algunos intelectuales, artistas y académicos cubanos, acaba de irrumpir en las semanas finales de 2009 en un sitio de Internet, moviendo opiniones diversas. “Denuncia”, “punto de giro”, “apoyo a la oposición”, son algunos de los calificativos más audaces con que se ha evaluado –quizás de manera un tanto hiperbolizada– el documento en cuestión, por parte de algunos medios y opiniones particulares. Y no está mal, por supuesto, que finalmente un grupo de intelectuales de sectores oficialistas hayan comprendido que tanto garrote repartido pudiera también alcanzarlos a ellos –espíritu que salta a la vista desde la cita de Niemöller que encabeza el texto, con mucho, lo mejor de la carta–, pero tampoco hay que sobredimensionar el hecho.

Sin ánimo de contrarrestar entusiasmos desmedidos (que nunca faltan), ni de anular posturas que no por vagas dejan de ser al menos poco comunes en condiciones de totalitarismo, tampoco hay que arrojarse en brazos del delirio. Ya el propio título del mamotreto se encarga de refrescar a los más pasionales: “Carta en rechazo a las actuales obstrucciones y prohibiciones de iniciativas sociales y culturales” (la cursiva es de esta blogger). Es decir, las obstrucciones y prohibiciones que se “denuncian” quedan cuidadosamente acotadas en el tiempo (solo las “actuales”) y en los tipos de iniciativas a las que afectan (solo las “sociales y culturales”). Y tampoco esto sería del todo censurable de no haberse utilizado a lo largo del discurso un lenguaje tan enigmático como el oficial,  o de no haberse hecho gala de una ingenuidad tan pueril que lo mismo podría inspirar una nalgada que un aplauso para autores y firmantes. Voy a resumir algunos de los elementos que, según mi criterio personal, opacan las buenas intenciones que –no obstante– me gustaría reconocer a este documento:

-          Elude señalar responsabilidades de personas e instituciones en los hechos que enumera. Tratándose de acontecimientos que, en ciertos casos, han sido incluso presentados en los medios oficiales, resulta increíble que los autores pretendan obviar quiénes son sus responsables “universales”.

-          Sugiere la legitimación de iniciativas sociales y personales solo desde posiciones socialistas, es decir, ideológicamente “correctas”, lo que niega el supuesto carácter inclusivo y “antihegemónico” de sus animadores.

-          Define como una “posibilidad” que los hechos, delicadamente denominados por ellos como “represión silenciosa”, “se generalicen como tendencia” en nuestra sociedad. Pero la represión no es una mera tendencia, es una realidad que domina todos los aspectos de la vida en Cuba desde hace décadas; no por gusto el propio General convocó al pueblo a “hablar sin miedo” en la llamada “consulta popular” hasta ahora no publicada en los medios, rapto de sinceridad derivado de un cinismo crónico que asume públicamente la existencia del temor social fruto de la represión sistemática contra los inconformes o los incómodos.

-          Contribuye a la demonización del término “disidente” y a la vez lamenta que no se practique “el merecido respeto por la diversidad”, lo cual –dicen- resquebraja “la unidad del proceso revolucionario”. Tal actitud es acusadamente hipócrita.

-          Convoca a un “diálogo cultural”, evadiendo tendenciosamente el carácter político que subyace en todos los conflictos sociales al interior de Cuba. Por otra parte, desconoce la política (y por extensión el diálogo político) como componente fundamental de la cultura.

-          Adolece de ambigüedad general al omitir la definición de conceptos mencionados en el texto, como por ejemplo: “contrarrevolución real”, “autonomía solidaria”, “represión silenciosa”, y otros similares. Igualmente debió establecerse a quiénes consideran “actores político-culturales cubanos” que deberán actuar frente a “la emergencia irreversible de nuevos hechos sociales, como las tecnologías digitales”.

Precisamente en este último punto llega al clímax mi perplejidad, porque tal “emergencia irreversible” (y realmente lo es) parece aludir tangencial y eufemísticamente al fenómeno blogger, ese que –utilizando la tecnología digital- ha venido quebrando el pertinaz aislamiento que protegía la idílica y virginal imagen del socialismo totalitario cubano, aislamiento que fue instaurado con alevosa intención por la misma revolución que se proponen salvaguardar los firmantes de la carta de marras. Me deja sin aliento que lo más avanzado del pensamiento “revolucionario”, siempre sorprendentemente presto a parir una nueva teoría de la nada, considere la circunstancia del uso de Internet, no como un signo de libertad y progreso ni como vía para establecer vínculos y difundir la cultura, entre otras ventajas, sino como un mal necesario e inevitable, una especie de enfermedad con la que habrán de lidiar, en vista de que los blogger hemos hecho imposible mantener al país bajo la protectora “urna de cristal” de la incomunicación informática.

¡Ah, nuestros candorosos intelectuales oficialistas con sus tibias posiciones y su eterno empeño en trepar por las ramas! ¡Cuántos esfuerzos y fatigas solo por eludir las raíces de los males! Empeñados en pescar en río revuelto sin llegar a mojarse las posaderas, quedan otra vez a medio camino entre la sumisión y la libertad: justo en la línea indefinida de los timoratos.  Casi puedo comprender el poco o nulo respeto que inspiran al régimen.

Ilustración: Marcha contra la violencia realizada el día 6 de noviembre de 2009 en la avenida 23. (Foto de Eugenio Leal)

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