
Atendiendo a los comentarios suscitados a partir del post Yo, una emergencia irreversible, de fecha 4 de enero de 2010, puedo corroborar en algunos la persistencia de una obsesión casi enfermiza por lo que han dado en llamar “unidad”. No es la primera vez que algún lector se indigna contra mí por una supuesta actitud de “desunión” que atenta contra la potencial consecución de la libertad para los cubanos. Parece que alguien me atribuye poderes extraordinarios. Como no tengo la intención de excusarme –siguiendo un sabio proverbio que reza: quien se excusa se acusa– voy a optar por esclarecer (una vez más) mis criterios y mi posición al respecto.
Con ánimo de encontrar consensos generales que nos permitan un diálogo civilizado, he buscado en el viejo diccionario Aristos de mi época de bachiller el significado de tan controvertido término. Allí se escribe:
Unidad. f. Propiedad de todo ser, en virtud de la cual no puede dividirse sin que su esencia se destruya o altere.//Unión o conformidad.//Singularidad en número o calidad. //Cualidad de la obra literaria o artística en que solo hay un asunto o pensamiento principal al cual se subordina todo en ella.//Cantidad que se toma por medida de las demás de su especie.//Fracción del ejército que puede obrar independientemente bajo las órdenes de un jefe. (Diccionario Aristos, pág. 616)
Comprobé que el Aristos tiende a reafirmar mi natural rechazo a las actitudes unitarias; no obstante, acudí también a ese amigo eterno de todo el que escribe: el diccionario de sinónimos y antónimos (F.C. Saínz de Robles). Allí, entre una pequeña lista de sinónimos, encontré estos vocablos: unión, conformidad, unanimidad… Y más abajo un antónimo muy significativo: pluralidad.
Llegada a este punto, insisto en que no apruebo lo que suelen llamar “unidad” por considerarla falaz, engañosa y, sobre todo, sumamente peligrosa, todo lo contrario de la pluralidad. ¿Y qué me dicen del sinónimo “unanimidad”? Verdaderamente me espeluzna. Baste recordar cada sesión del Parlamento de este país, sublimación de la sumisión unánime, para desear sepultar semejante palabreja. En aras de la tantas veces invocada unidad, aquí se han cometido las mayores atrocidades contra la libertad del individuo, y a la larga ha resultado la esclavitud de todos.
Pero, más allá de los diccionarios, ¿qué es “unidad”? A juzgar por los que me regañan, es aplaudir o aprobar propuestas, más por las buenas intenciones que sugieren que por la esencia de su contenido; o enrolarse en torno a una figura o grupo porque en un país en que nunca ocurre nada cualquier documento de ocasión con maquillaje “reformista” supone un avance promisorio. Me apena tanta conformidad después de medio siglo acumulando “reformas” que han sumado a la postre más decepciones que resultados. Lamentablemente la realidad cubana se encuentra hoy en una encrucijada tan difícil y urgente de cambios, son tantos y tan graves los males que nos afectan, que no podemos darnos el lujo de desgastarnos en detalles inocuos. A menos de un mes de publicarse la carta de los intelectuales, en la noche del 9 de enero de 2010, la ciudad de Pinar del Río fue escenario de la represión y del estricto control policial contra una actividad cultural: el bloqueo al performance de Yamilia Pérez, esposa de Pedro Pablo Oliva. Fueron ocupados los parques, con sillas y equipos de sonido, por parte de las autoridades, en tanto Maikel Iglesias, médico y poeta miembro del consejo editorial de la revista digital independiente “Convivencia”, fue literalmente arrastrado fuera del lugar a fin de impedir su participación. Es, según mi punto de vista, la respuesta gubernamental a la carta “protesta” de los intelectuales; aunque quizás ocurra que los organizadores y participantes no clasificaran como “revolucionarios”.
El vicio de sobredimensionar también enrarece aquellos criterios cuya evidente misión de tergiversar y mentir: todo el mundo sabe que no soy una “blogger oficialista”, sino una blogger alternativa. Y en efecto, la blogósfera alternativa está inspirando respeto al régimen. Al menos éste ha demostrado que nos tiene en cuenta y que conoce el alcance de nuestro trabajo; no por gusto nos asedian, nos persiguen, nos amenazan, nos reprimen y nos vigilan. Negarlo sería obtuso.
En cambio, sí son oficialistas al menos muchos de los firmantes de la carta de los intelectuales (denuncia, dicen), empezando por el señor Pedro Campos, ex comunista, ex funcionario del gobierno cubano, últimamente caído en desgracia, que ha generado varios proyectos en los cuales los “revolucionarios socialistas” -y solo ellos- están llamados a trazar el futuro de todos los cubanos. ¿Les resulta familiar este sentido de “unidad”? También a mí, y lo rechazo. La carta de estos intelectuales es una queja lastimera, apenas un lamento, que se limita a enunciar lo que no signifique una posición vertical de cuestionamiento al régimen, como si ignoraran que el de esta sociedad es un problema del sistema y no de hechos puntuales. Se ha acumulado ya demasiado polvo: no es suficiente esconderlo bajo la alfombra. Puestos a “denunciar”, la lista les quedó demasiado corta, y lo que es peor, podría llegar a ser mucho más extensa en los próximos meses si tenemos en cuenta la tendencia creciente a la represión por parte de los gorilas. Son hipócritas los que predican el “respeto por la diversidad” mientras practican la exclusión de los que profesan ideologías y criterios políticos diferentes.
Por lo que a mí respecta, y al contrario de algunos “reformistas” que conozco, defiendo una Cuba futura donde hasta los comunistas tengan el derecho a expresarse y a existir, aunque detesto profundamente esa ideología que rebaja al hombre a la condición de esclavo. Al menos en mi utopía de futuro, ser esclavo constituiría solo una elección.
No me siento llamada a “sembrar la unidad y la armonía”, como tampoco a dividir, ni autorizo a nadie a signarme tal misión. Semejante cometido, además de no apetecerme, está más allá de mi pobre capacidad. No me resigno al fatalismo mesiánico que insisten en colgar al destino de esta Isla. En cuanto a “dividir”, es una acción que presupone la existencia de lo “unido”… Pura imaginación en este caso. Quizás algo de lo que necesitamos realmente en la Cuba de mañana (y solo digo “algo”) es aprender que si nos expresamos va a haber contrapartida, habrá consensos y disensos, y eso sería el reflejo de una sociedad sana de hombres individualmente libres, que son los únicos capaces –en su conjunto y no en su unidad- de sostener una nación también libre. No quiero unidad, quiero pluralidad. Quiero una Cuba tan variada como lo son las aspiraciones y expectativas de los cubanos, y que ello no suponga que haya que excluir a nadie. Sé que es una aspiración idealista, pero al menos es INCLUYENTE. Tanto lo es que respeta también los derechos de los firmantes de la carta de referencia, y mi derecho a no firmar con ellos. Cualquiera con un mínimo de racionalidad comprendería que quienes desunen a los cubanos son precisamente aquellos que coartan sus derechos según sean “revolucionarios socialistas” o no. Ese sí es un auténtico ejercicio de división.
Para finalizar, me hubiese gustado que las discrepancias con mi post se hubiesen basado en los puntos que critico, utilizando argumentos en lugar de pasiones. Realmente celebro que los intelectuales-infantes al fin estén aprendiendo a caminar. En verdad es una imagen bastante patética, pero no deja de ser atinada teniendo en cuenta quiénes son los actores. Y ya que todo indica que la defensa de los intelectuales “valientes” se basa más en sentimientos tiernos que en la realidad pura y dura de estos tiempos, prefiero dejar a sus contertulios y protectores el trabajo de sujetarles la manito para que no tropiecen. ¡Ah!, y de paso, no olviden revisarles los pañales.
Ilustración: Fotografía de Orlando Luis

